Ojalá no hubieses salido de Kansas...

Camino tiene un realismo mágico innecesario, una saturación de vírgenes, jesuses y testamentos (siempre repitiendo algo que ya había quedado claro desde el comienzo), un cura malo malo y un niño bueno bueno,... pero también tiene algo que no siempre se ve en el cine español: un buen retrato de la familia. De un padre relegado al segundo plano que necesita hacer ruído para hablar con su hija, una madre que sólo puede sentirse grande mediante el sufrimiento, una hermana que no se permite coger un taxi por miedo al abandono.

Qué pena que no se hayan quedado ahí y sufran el síndrome maradentriano de saltar por las ventanas. En una película sobre santos y ángeles, lo que más interesaba era quedarse a pie de cama.