Bien, hago un pequeño paréntesis en la lista de las mejores películas del año para hablar de algo que, irónicamente, no suele tener nada que ver: las cinco nominadas a los oscar.
Aunque este no haya sido un año tan bueno como el 2004 o el 2000, se puede decir que la calidad media de las películas nominadas ha sido bastante aceptable. Es bastante insólito que los Coen sean los favoritos, que el prestigio crítico de Paul Thomas Anderson se haya visto recompensado en las categorías mayores e incluso que Expiación, que tenía toda la pinta de película-arrasadora-que-se-queda-sin-nada haya entrado en la categoría de mejor película. Iré por puntos.
1. El problema de Expiación es también una de sus mayores bazas: la forma de contar una historia. ¿Es buena una película en la que el espectador debe replantearse los métodos de narración tras la nueva información recibida en el desenlace? ¿Es la estética justificable sólo porque el narrador sea uno de los personajes y ese personaje sea, en el fondo, cursi e infantiloide? Para mí, personalmente, sí. Por eso no me importa que Expiación muestre una trama de amor en una guerra de largos planos secuencia, acantilados, pantallas de cine y norias en plena batalla: lo hace porque la triste verdad tras el demiurgo es que nunca estuvo en la guerra, y porque tiene todo el derecho del mundo a poetizar los sentimientos por encima de los hechos, con palabras (en el libro) y con imágenes (en la película).
Expiación no llega al nivel de la anterior película de Joe Wright (Orgullo y prejuicio es una obra absolutamente redonda), pero tiene una primera parte inmensa (el descubrimiento de la sexualidad y la mentira en una Inglaterra sofocante), una segunda interesante (la guerra como género romántico) y una tercera que dota al filme de un sentido y, sobre todo, lo determina. Las teclas de una máquina de escribir como banda sonora no cambiarán la historia del cine, pero por lo menos muestran ganas de hacer algo diferente.

2. Con Juno ocurre todo lo contrario: lo que mata la película son esas terribles ganas de ser diferente pero sin salir del círculo de la mayoría. La anterior película de Jason Reitman ya me pareció terrible de por si (Gracias por fumar, o cómo rodar una historia "cínica" sobre las tabacaleras sin que ninguno de los 20 personajes principales fume) pero es que con Juno se confirma que una cosa es tocar temas interesantes y otra bien distinta saber desarrollarlos.
Este mismo año mucha gente fue en contra de Lío embarazoso por el hecho de que no se mencionase en ningún momento la palabra aborto. Creo que es mucho más sano desechar la posibilidad dando a entender que la mujer embarazada es, en el fondo, una puritana (o que lo sea la propia película en sí), que hacerlo de la forma en que ocurre aquí, con Juno en la sala de espera incapaz de soportar unos muebles incómodos, sonidos angustiosos y gente fea. Todo está controlado al milímetro para no molestar ni a los pro-abortistas ni a los que están en su contra; Juno tiene ganas de encantar a todo el mundo pero se nos vende como una chica freak, preciosa pero marginada, con gustos indies, novio raro y frases supuestamente inteligentes que incluyen un "te lo juro por mi blog".
Creo que el último cine independiente norteamericano y Juno como su último gran exponente es artificial, prefabricado y con tantas ganas de tocar el corazoncito de la gente (¡ojo! a veces, desgraciadamente, lo consigue) que hacen que quiera salir a la calle con una pancarta exigiendo el retorno de las grandes películas de estudio. ¿Tiene Juno alguna buena escena? Por supuesto, en especial la que acompaña este texto. ¿Es agradable de ver y escuchar? Claro que sí. ¿Es algo más que una película creada por un departamento de marketing (por muy pequeño que éste fuera)? No. Por ello Juno debería participar el festivales de publicidad del mundo entero, vendiendo emociones y buen rollo, pero nada más que eso.

3. De Michael Clayton ya hablé en su momento. Aun pareciéndome una propuesta aceptable y bien llevada, creo que toda la temporada de premios que lleva le queda bastante grande. Me parece perfecto que reciba nominaciones en apartados interpretativos y de guión, pero es tremendamente exagerado honrar de esa forma al Tony Gilroy director dejando fuera a otros mucho más merecedores de premio (entre ellos Tim Burton, Joe Wright, David Fincher, David Cronenberg o Todd Haynes). Eso sí, si Tilda Swinton gana el oscar de mejor secundaria me llevaré una gran alegría.

4. Nunca he sido un fan demasiado entusiasta de los hermanos Coen. Me entusiasma El gran salto y creo que la última secuencia de Fargo con Frances MacDormand en la cama es de lo mejor de los 90, pero aparte de estos dos ejemplos sus películas no me parecen nada destacable para el cine contemporáneo.
No es país para viejos parte como favorita para ganar los premios mayores de este año, y aun entendiendo que tiene un juego de elipsis fantástico, una narración perfectamente caótica, unos personajes que hacen porque son y no son porque hacen, me parece que el resultado final es fallido. Decir esto no implica que piense que la película no sea excelente, es sólo que creo que a los Coen les sale un perfecto thriller de persecuciones cuando lo que debiera haber sido era un western crepuscular sobre lo que el título implica. Donde la película triunfa es en los moteles, en el tiroteo en la carretera, el hallazgo del dinero y los mejicanos, en la huida de la mujer. Donde fracasa es en el personaje de Tommy Lee Jones, y la pena es que es él y no Bardem lo que se preveía más interesante de la película.
De todos modos, si triunfa esta noche me parecerá mucho más que aceptable. Entiendo que es un cine adulto y elegante y que probablemente gane bastantes puntos al verla de nuevo (una vez ya haya aceptado todo lo que da -que es mucho- y no lo que yo querría que diese).

5. Por último, There will be blood. Lo malo de esta Habrá sangre es que en el fondo uno sale de verla pensando que ha visto otra película más sobre la degradación del poder en el ser humano (culpa del último acto en gran medida). Lo bueno es que si uno se quita esa idea de la cabeza verá que ésta es una obra sobre el falso padre andersoniano, el dinero como traba a la comunicación, la relación capitalismo-Iglesia, la necesidad familiar del individuo, la progresiva desaparición de la sociedad en la vida cotidiana, el antecedente a las invasiones petrolíferas actuales.
Una obra casi total, una primera hora perfecta, tres secuencias ya históricas: la explosión de la torre, el bautismo, el milkshake (pese a todo). Un rodar siempre desde el mejor sitio, usar la música como banda de sonido, hacer desaparecer y aparecer personajes porque no son sólo herramientas de la historia sino la trama como tal. Un Daniel Day Lewis inmenso pero no un menos grande Paul Dano. Tampoco es redonda, pero de entre las cinco nominadas es, sin lugar a dudas, aquella donde más cine hay.

Esperemos que triunfe la razón sobre la taquilla.

El dedo es mío y me importa muchísimo más que la torre.
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