Es un hecho: todo aquel que dice que las últimas temporadas de "Los Simpson" son malas o peores lo dice simplemente porque no ha visto esas temporadas. Capítulos como "Yokel chords" o "The seemingly Never-Ending Story" o "The monkey suit" están a la altura de cualquier día del amor. Y también lo está la excelente "The Simpsons movie". Pero ese, hoy, no es el tema.
¿Qué pasaría si Billy Wilder viviera y decidiese rodar con Monica Bellucci? ¿Y si Gene Kelly pudiese participar en la nueva de Baz Luhrmann? ¿Cómo sería la adaptación de Sampedro por parte de David Lean? ¿Y la de Alicia en manos de Lynch? ¿El Shangai de Erice? Mezclas explosivas, pero sueños imposibles.
¿He dicho imposibles?

El episodio 400 de la mejor serie cómica de la historia se fusiona con la mejor de las series noir: "24". Dos obsesiones frente a frente.

Ésta vez Los Simpsons, al contrario de sus habituales homenajes cinematográficos o televisivos, presentan una trama totalmente creada bajo el espíritu del tiempo real (supongo que el hecho de que 24 también pertenezca a la Fox tiene algo que ver). Al más puro estilo de algunos de sus más míticos episodios (por ejemplo los "22 cortos sobre Springfield", pero sobre todo la "Trilogía del error"), Bart es un agente especial con la misión de detener la explosión de una bomba fétida, Lisa trabaja para la UAT bajo las órdenes de Skinner, Homer y su yogurt caducado serán el detonante y Marge vivirá paralelamente una carrera por llegar a tiempo a una feria de tartas. Todo con pantallas partidas, reloj omnipresente, villanos, móviles y Jack Bauer.
Es verdad que, al contrario de la parodia de "South Park" (inteligentemente repleta de myspaces, youtubes, búsquedas en google, absorciones por parte de la homeland security y una bomba en... la vagina de Hillary Clinton!), la versión simpsoniana de 24 omite cualquier presencia política o violenta, pero no es menos cierto que sólo por escenas como el descubrimiento del topo merece la pena seguir viviendo.




Es comprensible lo mucho que se exige a cada nuevo episodio amarillo, pero no es éste un caso en el que ser exigente en exceso ayude en absoluto. Lo bueno de los Simpsons se saborea dejándose llevar, olvidándose de las nuevas voces y descubriendo las tres o cuatro genialidades ocultas en cada episodio.
"Los Simpson" no son lo que eran, pero sí son la evolución casi perfecta de lo que fueron. Con "24" ocurre algo diferente.
(Continuará)

El dedo es mío y me importa muchísimo más que la torre.
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