El cine coreano que más me gusta es aquel que cuenta todo donde aparentemente no cuenta nada. Por eso Kim Ki Duk me parece un bluff con suerte (la suerte es Hierro 3), mientras que me encanta que los monstruos o asesinos de Joon-ho Bong o Chan-wook Park sean perfectas piezas de narrativa donde uno puede ver todo lo que es y lo que se esconde. Ya se sabe: no hay nada más grande que una buena peli de género.
Woman on the beach (Sang-soo Hong, 2006) no pertenece a ningún género en concreto, pero sige esa línea de descubrimiento para además dejarnos hacer a la idea de quien es cada personaje e ir viendo poco a poco lo equivocados que estábamos.
Diálogos brillantes, personajes superlativos y una estructura narrativa que camina hacia delante pero nunca hacía los puntos de giro. Cómo explicar, si no, la aparición del tercer personaje en discordia más allá de la primera hora, o el nulo interés por tratar al amigo traicionado (elemento en el que parecía se sostenía al principio la trama).
Si algún día se cataloga un tipo de cine como "películas de borrachos", esta joyita debería entrar directamente al número uno. La borrachera número uno sirve para interpretar el papel de quien queremos ser; la segunda para ser cómo somos; la tercera para arrepentirnos de las dos primeras.
De hecho, podría decirse que la ausencia de rumbo es lo que determina a Woman on the beach; o el que, de tenerlo, sea el de un zig zag continuo. Se trata de una película que camina haciendo eses.
Es increíble la confesión del trauma del director de cine, o la reacción desolada de la aparente mujer fatal, pero a mí me ganó totalmente en ese momento totalmente inesperado en el que él primero explica con un gráfico (plano mantenido durante varios minutos) como se siente. Algo así como trasladar a imágenes lo intraducible en palabras, y hacerlo de manera muy simple pese a su complejidad, como la propia película.

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