Acabo de decidir, así, sin pensar, que la mayor obra audiovisual de lo que llevamos de década se esconde en la pequeña pantalla.

El tiempo como escenario.

Alguien debería inventar un Nobel o regalar una isla paradisíaca a los guionistas, productores, actores y creadores (en definitiva) de 24 porque lo que han hecho a lo largo de estas cinco temporadas no tiene precio.

La FOX puede ser todo lo rancia y conservadora que quieran en sus altas esferas; no importa y no hay que dejar de aplaudirles, porque solo con esta serie se redimen, pasan a la historia y consiguen que la televisión de calidad sea un hecho. No importa si 24 es de derechas o de izquierdas: la HBO ya no está sola.

Si fuese un dibujo animado en este momento estaría azotando repetidamente la gigantesca suela de mi zapato contra el suelo y sacando humo. Quizás sea producto de la emoción que me embarga haber acabado el capítulo 17 de la quinta temporada y saber que aún tengo siete por delante para disfrutar.

Sólo dos nombres (nada de spoilers), los grandes hallazgos de este último y frenético día: Presidente Logan y esposa. Algunas de las mejores escenas de los cinco días les pertenecen.

El rezo.

El coche.

Recomiendo desde aquí una visita rápida al emule, la televisión de pago o el dvd para el disfrute de las 24 horas de cada una de las cinco temporadas de la serie. Si hay un mito de nuestro tiempo ese es Jack Bauer.