Hard Candy (David Slade, 2005) es como una conversación en el messenger en la que pierdes dos horas y lo odias.
Tiene unos posters medio bonitos (muy lejos de ser impecables), un par de actores correctillos y ya.
Respeto algo al director y al guionista porque entiendo que han apostado fuerte por el minimalismo de la historia, la ausencia de violencia explícita y una narración en la que los dos personajes consiguen ser nobles y ruines a la vez.
Me parece que incluso tiene algún punto curioso en la primera media hora. Los momentos con todo el fondo de colores alcanzan una abstracción que podría haber sido memorable de haber seguido por ese camino.
Pero es que la película es tonta. ¿Por qué parece que la única función del Sr. Slade, director, es decidir maneras chachis de saltarse el eje? ¿Por qué el señor Brian Nelson, guionista, hace que un hombre maniatado (y drogado) se suelte por su propia fuerza? ¿Por qué este hombre no se ha soltado cuando un rato antes se disponían a castrarle? ¿Por qué esconder una caja fuerte en un sitio tan obvio y descubrirnos la clave de manera tan burda? ¿Para qué meter a una vecina fisgona que ni siquiera va a fisgonear?
Durante las dos horas que dura la peli tenemos que soportar supuestos diálogos brillantes; frases lapidarias y un único hallazgo: "Polanski acabó ganando el oscar".
Me da igual que la película no tenga ética y sea de un justiciero reaccionario, pero no le perdono todo lo demás.

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