Tsotsi (2005, Gavin Hood)
El primer oscar de la historia de África es artificial y casi hasta anticultural.
Gavin Hood, director de la película (y actor en Kickboxer), realizó estudios cinematográficos en Estados Unidos y ha intentado aplicarlos a la cultura sudafricana con esta película. No lo ha conseguido.
Pretende contar de forma natural una historia de chicos de la calle pero cuando uno de ellos está deprimido la luz que entra por la ventana hace una diagonal perfecta con su cara y todo es deliciosamente bonito y melancólico. Por supuesto, también es falso.
No soy de los que mantiene que una cámara al hombro consiga más realidad que un encuadre perfecto, pero lo que sí defiendo es la necesidad de determinar qué es tu película desde el principio. No se puede jugar a dos bandas, y eso es lo que Tsotsi hace con todos sus elementos, desde la elección del joven actor principal (novel, sí, pero peliculero y de diseño) hasta la banda sonora (callejera pero en las listas de éxitos).
Moolade (2004, Ousmane Sembene), por ejemplo, es una buena película netamente africana (y también escalofriante, por cierto).
La nuit de la vérité (2004, Fanta Régina Nacro) es una buena película africana desarrollada con parámetros occidentales.
En ésta, la historia es francamente ridícula. Hemos visto mil veces el cuento de cómo un niño cambia la vida de alguien que iba por el mal camino (y si hablamos ya de la categoría del oscar a mejor película extranjera, el porcentaje se eleva estratosféricamente). Pero es que en Tsotsi ni siquiera se molestan en dar razones: Él es malo. Encuentra niño. Él es bueno. Fin.
Tsotsi quiere gustar a todo el mundo. Me alegro por Sudáfrica, pero es una pena que hayan conquistado terrirorios extranjeros con esa pequeñez tan burdamente hecha.

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