(Central do Brasil. Walter Salles, 1998)

Hay películas buenas y malas. Algunas malas son simpáticas y otras dan mucha rabia. Ésta da mucha rabia.

Dos nominaciones a los oscar, tres premios en Berlín, un globo de oro, premios de la crítica,... Recuerdo cuando se estrenó y como gustó a todo el mundo. En San Sebastián ganó el premio del público y el del Jurado Joven.

Hace unos días tuve la oportunidad de verla por televisión y pude comprobar como Walter Salles hace exactamente lo mismo que más tarde haría en Diarios de motocicleta (W.S., 2004). Fotografiar paisajes bonitos, tocar colectivos marginales, poner filtros llenando de colores cálidos la imagen y no contar nada en absoluto.

Todo el desarrollo del personaje interpretado por Fernanda Montengro me parece vergonzoso: ahora paso del niñó, ahora lo vendo, arriesgo mi vida para recuperarlo, lo abandono, intento quedármelo,...

Le reconozco trabajo a los actores y a la fotografía, pero se ven tan claramente las ganas de manipular al espectador que me es imposible apreciar nada. También tiene la música más machacona que he oído en una peli en mucho tiempo.

Y luego llega ese final que haría cualquier cosa con tal de sacar una lágrima al espectador, aunque en realidad no tenga sentido para la protagonista; se olvidan de todo lo que ha ocurrido en la primera hora. Un despropósito general, vamos.