Vincenzo Marra. 2004, Italia.
Muestra las desgracias como inevitables, es desesperanzadora, pero al mismo tiempo te llena de energía (negativa, pero tan a grandes cantidades que sólo importa el sentirte fuerte).

¡Qué grandes son, en ocasiones, los actores!

El dedo es mío y me importa muchísimo más que la torre.
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