Ni La Momia en China, ni Kung Fu Panda, ni nada que huela a operación pre-olimpiadas.
Un poco más sobre cine asiático aquí.
Ni La Momia en China, ni Kung Fu Panda, ni nada que huela a operación pre-olimpiadas.
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a. "Le vent de la nuit" corre un riesgo tremendo, y ése es el del difícil equilibrio entre los tres protagonistas (una burguesa, un ex-revolucionario, un joven). Hay que entrar en el juego para no ver a ninguno desde fuera porque, de otra forma, lo que se ve no es una película sobre la revolución como generación caducada, sino un cursillo rápido de conclusiones grandilocuentes sobre mayo del 68. Por eso los personajes que mejor funcionan son los que se mueven en el pasado, porque Garrel no entiende tan bien a su hijo como a su padre. Peliculón de todos modos, vamos.
b. "Control" tiene un blanco y negro casi equiparable a "Les amants regulars", los actores están perfectos, la historia omite todos los tópicos de los biopics (drogas, fama, ego), controla el tempo y las elipsis de manera prodigiosa y es, en definitiva, un trabajo admirable para cualquiera dentro del proyecto (de los secundarios a los técnicos).
Su único problema es que todo resulta perfecto, y al observar imágenes tan bellas, canciones tan bien incluídas, frases tan acertadas e interpretaciones tan ajustadas, uno se queda fascinado pero nunca emocionado.
No seré yo quien prodigue que el feísmo ayuda a meterse dentro de una película, pero es que, al contrario de lo que ocurría en "Lady Chatterley", aquí la construcción de la película no se ve en las diferentes secuencias, sino en los detalles de cada plano. Y (desgraciadamente) ese esfuerzo sobrehumano, por alguna razón misteriosa e imprevisible, juega en su contra.
Quizás exija un segundo visionado. En general y pese a sus desventajas, es muy recomendable.
Por una vez y sin que sirva de precedente (aunque ya lo hiciera en una ocasión) actualizo totalmente borracho. Conclusiones del día festivalero:
a. Donosti se está barcelonizando a marchas forzadas.
b. La fiesta de tabacalera sólo se puede resumir como impresionante. Pase que el lugar sea increíble, que se haya podido beber y fumar en las exposiciones, que las bebidas fuesen gratuitas y estuviesen esperando en la misma entrada,... todo eso es aceptable, perolo más impactante de todo (para una persona que hoy se ha autodescubierto como post-pueblerina) es que las bandejas de pinchos con salmón fuesen, de hecho, bandejas de hielo.
c. Está genial poder mantener una charla con el ganador de "cine en construcción" hablando de lo malas que suelen resultar las películas de Horizontes latinos y discutiendo amigablemente sobre las inconveniencias del triunfo de la película rumana en Cannes.
d. Es aún más genial mantener una conversación con dos chinorris en la que después de loar a Jia Zhang Ke ellos te preguntan si has visto a Fernando León de Aranoa (¿¿??) y tú respondes, en pleno proceso de autoinvención, que sí,por supuesto,y que se ha tenido que quedar en Madrid preparando su próxima película y es una pena porque el hombre es super majete y le encanta la cultura china (tal y como demuestran sus películas).
e. Uno discute por placer y llega a la conclusión de que el artista que no parte del oficio es un cero a la izquierda. Veanse los magníficos diez primeros minutos de "Munich".
f. Nada llega a la altura de observar un cuadro de Schnabel con una copa de vino en la mano y encontrarte a Alfonso Cuarón para decirle, tras un diálogo propio de una peli con gente con clase, lo mucho que te gustan sus últimas películas. Increíble conseguir una breve charla en la que uno no queda como groupie y él se acaba yendo dándote la mano y diciendo tu nombre sin que parezca que no estás a la altura.
g. Por si todo esto no fuese suficiente, rematar la noche cantando "flamenco" de Los Brincos en un karaoke decadente.
Noche de festival.
Dicen las habladurías que Julian Schnabel es el auténtico dueño del Festival de San Sebastián. Es sabido que la mayoría de los premios Donostia de los últimos años han llegado en gran parte gracias a él, y también que como relaciones públicas de Donosti en el resto del mundo su labor no tiene precio. No es de extrañar, pues que este año tenga dos películas en horario estelar de Zabaltegi, exposición en Tabacalera y pases privados por doquier.
Con estos antecedentes uno duda a priori de su propia valía como director. "Antes que anochezca" era una película correcta pero sin pasarse, una narración caótica y sin centro salvada en gran parte por el trabajo de Bardem. Una vez vista "Le scaphandre et le papillon" me da la sensación de que puede que Schnabel siga sin saber contar una historia, pero esta vez al menos no le interesa hacerlo y eso es bueno.
"Le scaphandre et le papillon" tiene su mejor baza en lo que resultaba ser la mayor pega de "Antes que anochezca": el moverse nervioso, temblar con la imagen, dar pinceladas y cegar de forma improvisada. Aquí funciona porque su protagonista, un Mathieu Amalric tan estupendo como siempre, se encuentra paralizado de arriba abajo; sólo puede mover un párpado, y para escapar de su cautiverio se ve obligado a usar la imaginación y la memoria (sic). Puestos a inventar, mejor crear imposibilidades, y puestos a recrear, mejor adornar todo lo que hemos sido.
No es que la película sea una maravilla, pero por lo menos no cae ni en el dramón de sobremesa ni en el dramedy de personaje simpático y autocompasivo. Schnabel no es valiente pero sí aplicado; de esta forma, la inclusión detodos esos largos planossubjetivos no cambian el rumbo de la historia del cine -aunque huelan a pretenciosos-, pero funcionan y son necesarios (como también lo son la voz en off del protagonista y los continuos mensajes deletreados).
Aprecio la intención de narrar mediante el ojo, y aunque muchas visitas, flashbacks y pensamientos suenen a vacío esteticista, lo cierto es que la película funciona como collage de sensaciones y olla a presión.
a. Elementos necesarios para ganar un premio del público o de la juventud en Donosti: Ser una película agridulce, con toques de drama que hagan ver que esta es una obra seria, pero momentos cómicos que permitan el desahogo; personajes excéntricos que hablan cuando tienen que callar o tienen una afición rara; niños que hablan como mayores y ancianos que hablan como niños; un poquito de tema social aunque sea de pasada; un país o una cultura diferente con paisajes exóticos y gente telegénica; la revindicación de la vida, el arte, la libertad o similares con un final de sonrisa en los labios.
"Caramel" es, básicamente, una tontería con libanesas impresionantes y muchos colorines. Se cuenta la vida de cinco mujeres entorno a una peluquería y como superan sus problemas (la edad, el amor, la condición sexual, la mentira) entre permanentes y depilaciones. La actriz principal es también la directora (Nadine Labaki), y lo mejor que se puede decir de su trabajo es que en ocasiones se nota que no piensa como un hombre.
Tiene unos cuantos detalles destacables (la mujer limpiando el baño del hotel en el que pretende tener un affair, la conversación madre-hija anterior a la boda, la divorciada que se mancha la falda de sangre para parecer más joven) pero falla como conjunto. Cuando una película pretende ser pequeña y resultar creíble no puede meter en el mismo vecindario a tantas representantes de las diferentes etapas en la vida de una mujer.
b. Sigo pensando en "Lady Chatterley". Me parece una película, ante todo, coherente; y me sorprende ver como los gustos se educan y una buena película cada vez lo es más en tanto que propone una narración concreta y la respeta. Es decir, que la historia de amor de la Señora Chatterley con el guardabosques no emociona ni desgarra, pero tampoco se lo pedimos porque lo que en realidad queremos es ver todos los pasos en la evolución sexual/biológica/sentimental de los personajes. Ser conscientes de las escaleras que se suben es, en este caso, mejor que caer directamente en la cima para reir o llorar.
Estoy tan increíblemente cansado que escribir sobre "Lady Chatterley" ahora no tendría mucho sentido. De alguna forma ni siquiera quiero hablar de ella aún, me apetece asimilarla con tiempo. Sólo una cosa: es importante, moderna, diferente, valiente. Francia sigue siendo la cuna del cine.
"The hoax" es la historia del auge y la decadencia de un mentiroso en la época Nixon. Clifford Irving fué un escritor que engañó a todo el país haciéndo creer que Howard Hughes le había encargado su autobiografía, y Richard Gere, encargado de interpretarlo, es, sorprendentemente, lo mejor que puede haberle pasado a la película.
Da mucho gusto ver una película con un personaje principal tan carismático y coherente. Gere sube a lo más alto y se hunde en la miseria, pero no hay atisbos de épica scorsesiana en el asunto. Pone cuernos, traiciona a su mejor amigo, engaña y miente de forma continuada pero entendemos que ello es tan sólo una forma de evadirse del puesto de don nadie.
Hay temas que me pueden y, francamente, cualquier producto mínimamente relacionado con la f de fraude, me entusiasma. "The hoax" no aporta nada que Orson Welles no dijera, pero se deja caer con mucho estilo. La historia real en que se basa no se presenta ni demasiado maquillada ni demasiado censurada, el mini giro supuestamente sorpresa funciona para avanzar en el personaje, y ese Gere impersonándose impresiona porque no imita, sino que construye un imitador. Su proyección ha sido desde luego una buena elección con que homenajear al premio Donostia.
a. "Foul gesture" es una película israelí llena de banderas donde el enemigo es un antiguo héroe militar que acabará siendo vencido por culpa de su intolerancia y gracias a las armas del mercado negro. Todo esto narrado como una comedia costumbrista in crescendo donde el protagonista empieza siendo tranquilo y racional y acaba haciendo explotar un coche.
Es posible que la película tenga méritos aquí desconocidos (es decir, que sea valiente contándonos el conflicto por medio de metáforas más o menos acertadas), pero a nivel cinematográfico es un cero a la izquierda. Me es indiferente que una película hable de terrorismo, zoofilia o cualquier otro tema incorrecto si para ello va a utilizar una estructura tan sonrojantemente simple. Aquí Israel es accesorio, por lo que la película no debe ser juzgada mas que como una pobre tvmovie que ni siquiera se toma la molestia de describir a sus personajes.
b. Si hablamos de un uso correcto de las banderas, "In the valley of Elah" es la antítesis de la película anterior. Nunca el sentimiento patriótico estadounidense post 11-S ha aparecido tan bien descrito como aquí. Las barras y estrellas se convierten en una señal de socorro para un país sumido en el caos; la película es un canto a la humildad del que pide ayuda frente a la prepotencia del imperialismo.
No soy especialmente defensor del "Crash" de Paul Haggis, pero reconozco que aquí se redime casi por completo. Estamos ante un thriller policiaco/militar con la guerra de Iraq de fondo. La originalidad del asunto es que prácticamente no asistimos a la guerra más que desde los desconocidos que vuelven para perderse en su propia casa.
No profundiza en exceso y en ocasiones roza la demagogia (el prescindible flashback final), pero lanza unas cuantas ideas interesantes y mantiene muy bien el equilibrio entre la investigación del asesinato, el drama familiar-personal y el cine de trasfondo político (en este caso, sobre la caída de Estados Unidos). Los actores están espléndidos y la película es entretenidísima. Tal vez estemos ante uno de los estrenos del año.